sábado, 22 de octubre de 2011

¿Què significa vivir éticamente? Diálogo filosófico en Vacarisses

El pasado domingo 16 se realizó en Vacarisses un Diálogo filosófico sobre el tema ¿Qué significa vivir éticamente? Las personas participantes mantuvieron una actitud muy despierta y activa en la que surgieron una cantidad considerable de conceptos filosóficos clave.

La primera participante apunto que vivir éticamente significa "saberse comportar, asumir las opiniones ajenas y querer a los demás". A continuación se inició el debate sobre qué significa "comportarse bien". La primera respuesta tuvo relación con "no hacer daño”. Otra persona sugirió que el egoísmo es parte del instinto de supervivencia. Ante la pregunta de si se puede ser egoísta y vivir éticamente se llego a la conclusión, en primer lugar de que hay grados de egoísmo, y profundizando más en ello, de que se pude entender el término según dos acepciones contrapuestas. Así, cuando egoísmo significa perjudicar a otro, no es ético. Pero si se entiende egoísmo por amor y respeto hacia uno mismo y de ahí a los demás, si que es ético. Se incidió en el concepto de "Empatía" como respeto hacia los demás.

Otra respuesta que se analizó fue que vivir éticamente es "ser fiel  a la forma de pensar que uno tenga, y tener en cuenta a los demás". El análisis de esta respuesta derivó sobre la ética de ser fiel a la propia forma de pensar. En un inicio se cuestionó que si sólo se sigue el propio beneficio se ignora a los demás. Se hizo una distinción entre lo que se racionalmente se piensa, y el deseo. Surgió la cuestión del cambio permanente, sobre nosotros mismos y nuestra forma de pensar, que se dejó para el final.  La fidelidad estaría referida a la forma de pensar, a los valores. Pero estos a menudo están condicionados por la sociedad.

En este punto otra participación apuntó que vivir éticamente es hacerlo según unas normas trazadas, y se puso de ejemplo los mandamientos de la ley de Dios. Como el tema del día no era el de la divinidad, incidimos en la coherencia de seguir estas normas trazadas o no. Dos personas coincidían en que eran normas transmitidas en la infancia por autoridades queridas y valoradas como los padres y que les servían de guía a lo largo de la vida. Otra persona apuntó que estas normas se van afianzando o modificando con el soporte de la propia experiencia personal a lo largo de la vida.

En este punto se estableció que se podían considerar diversos tipos de ética: la social, y dentro de ella la familiar, la personal, la normativa de las leyes y la divina. Esta separación podría llevar a confusión si no se establecía entre ellas un punto de acuerdo común. Este punto se resolvió por unanimidad del modo que se reconoce si una ética es válida o fraudulenta por si perjudica a alguien o no. Este concepto de no perjudicar se estableció como conclusión general del comportamiento ético.
La última definición sobre la vida ética apuntaba en que es "libre, clara, tranquila, con valores que benefician a todos por igual, con conciencia y con corazón".  Al analizar lo que significa "libre" se hablo del compromiso de escoger, y se llegó al debate sobre si ha de haber  unas normas básicas o no. El consenso fue de que ha de haber límites, especialmente en educación, y leyes escritas, una justicia. Pero la cuestión que se abrió a continuación fue la de quien hace las leyes y cómo valorar la calidad de su compromiso ético.

Finalmente se retornó al tema del cambio que había quedado pendiente, y se cuestión si quedaba algo permanente en la evolución de la persona o no. Las respuestas apuntaron hacia la idea de que hay una esencia que permanece, que para algunos asistentes eran unos patrones o valores morales aprendidos en la infancia, y para otros una intuición de base personal.

La tima cuestión tratada versó sobre el tema del mal, de si la persona que hace el mal lo sabe o lo desconoce. En este punto, algunas de las asistentes afirmaron que quien ejerce el mal, íntimamente sabe que esta acción no es buena. Otras asistentes apuntaron que a menudo se trata más de un problema de inconsciencia que de maldad estricta, y que un avance en la conciencia de las personas evitaría muchos actos de  maldad.

Todas las aportaciones fueron muy bien valoradas y el tono de los diálogos fue en todo momento de apertura y discusión, pero sin tensiones ni opiniones enconadas. Se valoró la diversidad del método que permitió que todas las personas asistentes pudieran expresar sus opiniones. Muchas gracias a Esperanza, Mª Carmen, Carmen, Mª Reyes y Sami. Hasta la próxima.

Mercedes Blasco


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